TERAPIA ACUÁTICA

La terapia acuática se basa en la realización de terapia física en un medio acuático, de tal manera que se utilizan las propiedades mecánicas del agua asociadas a las formas de intervención de la fisioterapia con el objetivo de mejorar la función, la actividad y la participación de los pacientes. Uno en los principales campos en los que podemos aplicar esta forma de tratamiento es el de la neurorehabilitación, dirigido, entre otros, a pacientes adultos que padecen procesos neurológicos, como el ictus, la esclerosis múltiple, el párkinson, el daño cerebral, los tumores cerebrales, las distrofias musculares, las lesiones medulares, etc. o niños con alteraciones motoras por daño cerebral desde nacimiento o adquirido.

Así, podemos intervenir de una forma rehabilitadora, a modo preventivo, de tratamiento, como actividad física o deportiva o, simplemente, con el objetivo de proporcionar un momento de bienestar al paciente. El agua nos proporciona un medio donde el cuerpo adquiere gran cantidad de libertad de movimiento y donde puede llevar a cabo ejercicios y actividades difícilmente realizables en suelo firme, pudiendo actuar sobre el equilibrio, la coordinación, la destreza, la marcha, el control postural, el acondicionamiento físico, la función pulmonar, etc.

El agua se convierte en un medio único para la rehabilitación debido a sus propiedades físicas: flotación, viscosidad y las presiones hidrostáticas e hidrodinámicas.

Mediante la propiedad de flotación se disminuye hasta en un 90% el efecto de la gravedad. En otras palabras, la fuerza de flotación del agua disminuye el peso del cuerpo en relación al grado de inmersión. Por ejemplo, estando de pie con el agua a nivel del tórax, el peso corporal se reduce un 60%. Esencialmente, esto da al paciente y al terapeuta la habilidad de controlar las fuerzas de compresión sobre las articulaciones solamente con variar el grado de inmersión.

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    La segunda propiedad física del agua, la viscosidad, se origina por el roce de los líquidos. Debido a la viscosidad moverse en el agua es como levantar “una pesa líquida”: cuanta más fuerza se emplee, mayores son las fuerzas de resistencia que actúan contra uno.  El entorno acuático permite fortalecer los músculos en una postura funcional/erguida, sobre todo dentro de la zona del tronco. El hecho de realizar ejercicios locomotores básicos (es decir, andar y correr) utilizando la resistencia del agua mejora la funcionalidad porque el cuerpo se estabiliza a sí mismo contra esa resistencia.

    Por último, la presión hidrostática se explica como: la presión aplicada a un líquido encerrado y en reposo, se transmite integralmente a todas las partes del fluido y a las paredes del recipiente que lo contiene. Por lo tanto, a mayor profundidad, el agua ejerce más presión sobre el cuerpo lo que provoca un mayor retorno venoso.

    Indicaciones y contraindicaciones de la terapia acuática

    La terapia acuática está indicada en casi todos los ámbitos de la rehabilitación. Incluye todas las patologías en las que deseemos reducir el dolor, el espasmo muscular, el edema, y aumentar el arco de movilidad y la fuerza muscular.

    Sin embargo, hay determinadas situaciones clínicas en las que está contraindicada de forma absoluta. Puede ser por el riesgo de propagación de infecciones por contaminación del agua, o por el riesgo evidente de un empeoramiento de la salud del paciente. Por estos motivos será especialmente necesario ponerse en manos de profesionales expertos que prescriban esta terapia.

    Además de los estudios sobre patología de columna, existen otros estudios científicos que demuestran una evolución clínica positiva en otras patologías: artrosis de rodilla, patología reumática, patología de hombro, y en poblaciones específicas como deportistas y tercera edad.

    El resultado tras años de experiencia con la terapia acuática es que se obtiene una clara disminución de los tiempos de recuperación de los pacientes, además de importantes beneficios psicológicos, favoreciendo su autoestima y confianza en sí mismos. Sus efectos son positivos para: niños, adultos, deportistas, tanto profesionales como recreacionales y personas mayores.

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